Sus miradas se cruzaron. Pero no sus ojos.
Madrid, las diez de la noche. Rubén charla con amigos sentado en el respaldo de un banco del Retiro. Marta se acerca a cerrar una persiana de su casa en Delicias. Miran un momento hacia arriba, ella hacia Venus, a él le atrapa la luna. Las líneas perfectas que salen de sus miradas coinciden en un minúsculo punto mucho más allá de la estratosfera.
Después de un interminable viaje a través del espacio, la partícula luminosa Venus-HogarTerrícola fue a parar a los ojos marrones de una chica terrestre como cualquier otra, no sin antes cruzarse con la onda luminosa Luna-Retiro, en un diminuto punto perdido en el espacio, durante el periodo de tiempo más breve que pueda existir. Fue suficiente para que se enamoraran.
Años después, tras unos cuantos encuentros y desencuentros, a ellos les gustaba contar que lo suyo era cosa del destino, pero en realidad fueron dos pequeñísimas migajas de luz que lucharon por estar juntas.
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