Friday, 18 September 2009

Esos ojillos

Me gustan tus ojos de noche, con las pupilas dilatadas por la luz eléctrica. De día también son bonitos, claros, con un color indefinido entre el marrón, el amarillo y el verde, con las pupilas alargadas, más duras y distantes. Pero me gustan especialmente de noche, cuando la falta de luz hace que parezcan más tiernos, infantiles, interesados en todo lo que miras. Más alegres.
Te acercas cauteloso, despacio, haciendo crujir el suelo; cosa sorprendente porque dicen que sois muy silenciosos, pero tú no, siempre sé por dónde te acercas; y entonces me reclamas un poco de esas atenciones que tanto te gustan. Sin insinuaciones. Siempre dejas claro lo que quieres de la manera más escandalosa posible. Y entonces tengo que dejar lo que esté haciendo para ir a hacerte lo que sea que quieras esta vez, dejándote en seguida, deseando que haya sido suficiente y que me dejes en paz, pero nunca es suficiente y al cabo de nada ya has vuelto, y es cuando me derrito, cuando me doy cuenta de que me puedes, que no puedo ignorarte y hacer como que no te oigo.
Seguro que son esos ojillos infantiles, tan dilatados que parece que quieran abarcarlo todo, esos ojillos con los que me dejas entrar en tu mundo y que siempre dicen "con lo inocente que soy yo, cómo me vas a dejar aquí sufriendo".