Se llama Vanesa. Es trabajadora, responsable, atenta, algo coqueta y, sobre todo, muy insegura. Acaba de cumplir 31 años y, descontando un par de amigas íntimas, está bastante sola. Últimamente se ha estado fijando en un compañero de la oficina, un chico que parece alegre y extrovertido. Hace ya dos o tres meses que le ayudó a recoger aquellos documentos que se le cayeron, uno de tantos montones de documentos que demuestran su exceso de trabajo y que tuvo que llevar desde la mesa del jefe, que tenía el día vago, hasta la suya propia, para que sus horas extra gratuitas sirvieran para que a ese mismo jefe le pudieran dar sus palmaditas en la espalda.
Ahora Vanesa se está maquillando. Nunca se ha puesto mucho más que un poco de colorete, pero esta tarde está intentando estar perfecta para la cena de la empresa, y por eso le tiembla la mano mientras intenta pintarse la raya. ¿Y para qué? ¿A él le gusta? Fue muy amable y siempre sonríe, nunca ha tenido una mala palabra para ella... pero cómo iba a fijarse un chico tan popular en alguien tan invisible. ¿Si consigue ponerse guapísima conseguirá llamar su atención? Pero...
...ni siquiera consiguió sentarse cerca de él. La primera reunión en toda su vida a la que le apetece ir y solamente alcanza a ver el motivo medio escondido detrás de un montón de gente. Y aún así no hace más que intentar parecer simpática por si en algún momento mira hacia ella. Y es realmete difícil parecer simpática con el baboso que le ha tocado al lado, un cincuentón que se debe creer Robert Refford.
Vaya, Vanesa no sabía que había baile en este local. La gente se levanta, habla... no es que bailen muchos, pero... podrá acercarse... ¿y si tiene novia? ¿Y si está casado? ¿Y si no es su tipo? Va a decir que no quiere nada con ella. Podrá soportarlo, sonreirá y ya llorará en su casa a solas. Pero si quisiera bailar con ella... *pum pum*, nota lo fuerte que le late el corazón. Dirá que no, pero será la primera vez que haga algo tan arriesgado *pum pum*. Oh, no, está hablando con más gente *pum pum*.
No dijo que no. La repuesta no fue un no. Fue una sonora carcajada que dio la vuelta al mundo antes de ir a morir en el pecho de Vanesa. Ella no está acostumbrada a estas cosas y claro, no sabe que él ya ha bebido demasiado, que se está divirtiendo contando anécdotas con sus amigos, que casi ni ha oído lo que ella decía... Ya desde su asiento, petrificada, pensaba que debería irse a casa. Porque ahora aquí ya no hace nada, en casa está mejor, pero casi no le aguantan las piernas. Debería irse porque el desgraciado que se ha reído de ella no va a venir de repente a pedir perdón. No debería irse, debería echarse a llorar para que se sintiera culpable y todo el mundo supiera lo mala persona que es. O salir a comprar un laxante y echárselo en la bebida. Sí, eso es, él tiene que sufrir por lo que le acaba de hacer, un laxante... o un suicidio y dejar una nota escrita en una servilleta. Así mata dos pájaros de un tiro, él se siente mal y ella no tiene que cargar con la vergüenza. Y habla con toda esa gente y todos se ríen, seguro que todavía se están riendo de ella, porque claro, una pobre mierdecita intentando salir a bailar con un apuesto semental es algo tan irrisorio... irá al baño, lo atascará con papel y tirará de la cadena hasta que se inunde todo el local, y que se joda la fiesta y las risas de todos esos imbéciles sin corazón. Si supiera echar males de ojo, ahora mismo estarían rascándose como monos. Eso es, pica-pica, solamente necesita encontrar algún sitio abierto ahora a la una de la madrugada y comprar tres quilos de pica-pica, echarlos en el depósito de agua y hacer saltar la alarma anti incendios. Y cuando pregunte la policía solamente tiene que decir que él es el culpable de todo.
Ella no se sentirá mejor, solamente conseguirá sentirse culpable y encerrarse todavía más en sí misma, pero las películas nos enseñan que si creemos que alguien es malo entonces debe pagar por sus crímenes, así que Vanesa pasará las próximas semanas amargada buscando la manera de destrozarle la vida a un chico por reírse durante una fiesta.
Ahora Vanesa se está maquillando. Nunca se ha puesto mucho más que un poco de colorete, pero esta tarde está intentando estar perfecta para la cena de la empresa, y por eso le tiembla la mano mientras intenta pintarse la raya. ¿Y para qué? ¿A él le gusta? Fue muy amable y siempre sonríe, nunca ha tenido una mala palabra para ella... pero cómo iba a fijarse un chico tan popular en alguien tan invisible. ¿Si consigue ponerse guapísima conseguirá llamar su atención? Pero...
...ni siquiera consiguió sentarse cerca de él. La primera reunión en toda su vida a la que le apetece ir y solamente alcanza a ver el motivo medio escondido detrás de un montón de gente. Y aún así no hace más que intentar parecer simpática por si en algún momento mira hacia ella. Y es realmete difícil parecer simpática con el baboso que le ha tocado al lado, un cincuentón que se debe creer Robert Refford.
Vaya, Vanesa no sabía que había baile en este local. La gente se levanta, habla... no es que bailen muchos, pero... podrá acercarse... ¿y si tiene novia? ¿Y si está casado? ¿Y si no es su tipo? Va a decir que no quiere nada con ella. Podrá soportarlo, sonreirá y ya llorará en su casa a solas. Pero si quisiera bailar con ella... *pum pum*, nota lo fuerte que le late el corazón. Dirá que no, pero será la primera vez que haga algo tan arriesgado *pum pum*. Oh, no, está hablando con más gente *pum pum*.
No dijo que no. La repuesta no fue un no. Fue una sonora carcajada que dio la vuelta al mundo antes de ir a morir en el pecho de Vanesa. Ella no está acostumbrada a estas cosas y claro, no sabe que él ya ha bebido demasiado, que se está divirtiendo contando anécdotas con sus amigos, que casi ni ha oído lo que ella decía... Ya desde su asiento, petrificada, pensaba que debería irse a casa. Porque ahora aquí ya no hace nada, en casa está mejor, pero casi no le aguantan las piernas. Debería irse porque el desgraciado que se ha reído de ella no va a venir de repente a pedir perdón. No debería irse, debería echarse a llorar para que se sintiera culpable y todo el mundo supiera lo mala persona que es. O salir a comprar un laxante y echárselo en la bebida. Sí, eso es, él tiene que sufrir por lo que le acaba de hacer, un laxante... o un suicidio y dejar una nota escrita en una servilleta. Así mata dos pájaros de un tiro, él se siente mal y ella no tiene que cargar con la vergüenza. Y habla con toda esa gente y todos se ríen, seguro que todavía se están riendo de ella, porque claro, una pobre mierdecita intentando salir a bailar con un apuesto semental es algo tan irrisorio... irá al baño, lo atascará con papel y tirará de la cadena hasta que se inunde todo el local, y que se joda la fiesta y las risas de todos esos imbéciles sin corazón. Si supiera echar males de ojo, ahora mismo estarían rascándose como monos. Eso es, pica-pica, solamente necesita encontrar algún sitio abierto ahora a la una de la madrugada y comprar tres quilos de pica-pica, echarlos en el depósito de agua y hacer saltar la alarma anti incendios. Y cuando pregunte la policía solamente tiene que decir que él es el culpable de todo.
Ella no se sentirá mejor, solamente conseguirá sentirse culpable y encerrarse todavía más en sí misma, pero las películas nos enseñan que si creemos que alguien es malo entonces debe pagar por sus crímenes, así que Vanesa pasará las próximas semanas amargada buscando la manera de destrozarle la vida a un chico por reírse durante una fiesta.