Patricia puso un pie en la piedra. El pueblo sin puerto se hacía
pesado en agosto. Pasando los dedos por el pelo empapado de sudor, un
pájaro piaba pescando pulgones. El sol no se apiadaba pasado mediodía, y
Pablo no aparecía. Plantón. Pasó por la puerta, podrida de esperar. El
paleto perdió su oportunidad.
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